El proceso de gestión relativa

Los primero que precisamos para abordar un proceso de gestión relativa es establecer cuales son los objetivos, las metas que pretendemos alcanzar, y lo más importante entender los motivos por los que lo hacemos.

Una vez lo tengamos claro estableceremos un escenario de partida. Esta es la parte más intuitiva y que requiere de mayor experiencia. De hecho es es punto en el cual la relatividad se deja sentir con mayor intensidad.
Y es que la gestión relativa supone que no disponemos de toda la información y que el análisis de la misma no tiene porqué ser objetivo.

Una vez definido establecemos líneas de actuación que van modificando el escenario. Establecer estos leads permite avanzar y hacerlo con la intención de que su ejecución provocará modificaciones del escenario de forma que resulta más conveniente para nuestros propósitos.

Lo más interesante es que en la gestión relativa podemos parar el proceso de ejecución cuando queramos y empezar con el proceso otra vez. Podemos replantear metas, volver a evaluar el escenario o cambiar las líneas de actuación o su prioridad.

Este proceso es natural e intuitivo, en muchas de las cosas que hacemos a lo largo de nuestra vida está presente la gestión relativa.

A veces cuando empezamos alguna tarea de este tipo no somos conscientes de que estamos realizando un proceso de gestión relativa, simplemente percibimos que tomamos decisiones en base a nuestras percepciones, que actuamos en consecuencia y que avanzamos sin tener una certeza absoluta de que lo estamos haciendo de la mejor manera posible, ni tan siquiera sabemos hasta dónde podremos llegar.

Un ejemplo es nuestra propia formación. A lo largo de nuestra vida pasamos por muchos escenarios en los que evaluamos la situación, tomamos decisiones y seguimos adelante.

Así empezamos en un escenario, escolar, en el que tenemos un horario obligatorio en el que acudir a la escuela y nos enseñan aquello que se considera como cultura básica y necesaria.
No tenemos capacidad de elección y tan sólo podemos aplicarnos más o menos.

Pero al cabo de los años tenemos que tomar decisiones que afectarán a nuestro futuro y es difícil porque no somos capaces de asegurar con total certeza qué es lo que más nos gustaría.
Y aunque  en esta etapa tenemos formas de evaluación que nos permiten medir nuestro desempeño podemos dudar de que estemos cursando lo que más nos conviene.

Otro asunto también importante es el hecho de que existen condicionantes que cambian el escenario constantemente y sobre los que ya no tenemos el control. La situación familiar, nuestras capacidades o incluso enamorarnos pueden condicionar el escenario y afectar a nuestro proceso de formación.

Este proceso de gestión relativa se vuelve más importante si cabe una vez que la formación institucional o reglada se acaba. Una etapa donde la formación ya no es una prioridad para nosotros porque el sistema lo ha establecido así. Ahora depende exclusivamente de nuestras decisiones y de nuestra situación. Hasta podemos decidir dejar de formarnos.

La cuestión es que gestionar nuestra formación es un proceso largo y laborioso con muchas posibilidades conforme más avanzamos y muy condicionado, pero abordamos con una naturalidad asombrosa su gestión relativa.

La gestión relativa es un método aplicable a la gestión de empresas, proyectos, la educación de nuestros hijos y a un sinfín de labores cotidianas.

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